Acoso sexual

Comenzó

juicio

contra

mandatario

WASHINGTON/EFE-EL PAIS - Una vez intentados todos los arreglos extrajudiciales, nadie podrá evitar que, desde ahora y hasta mayo de 1998, salgan a la luz muchos trapos íntimos -probablemente, algunos sucios- de la conducta sexual del presidente de Estados Unidos, Bill Clinton.

La ``culpable'', en opinión de los que defienden al presidente, es Paula Jones, una ex-funcionaria de la gobernación del estado de Arkansas que, según dice, una cálida tarde de mayo de 1991 fue acosada sexualmente por el que hoy es el hombre más poderoso del mundo.

El presidente dice no recordar haber tenido un encuentro con ella.

Como muestra de lo que se avecina, el pasado domingo, en hora de máxima audiencia televisiva, el abogado del presidente Bill Clinton, Robert Bennett, se vio obligado a dar explicaciones públicas sobre la anatomía de los órganos sexuales del presidente.

Bennet, con el último informe del urólogo presidencial bajo el brazo, aseguró, algo turbado, que en contra de las afirmaciones de Paula Jones, el presidente ``es un hombre normal''.

Explicó que Clinton dispone de unos genitales perfectamente corrientes ``en términos de talla, forma y dirección'' y, por tanto, el informe médico desdice a Jones cuando, para corroborar su denuncia, aseguró que el entonces gobernador de Arkansas tenía unos genitales algo particulares.

Pero resulta que no, según el informe médico que Bennett aireó por televisión. Los órganos de Clinton ``no poseen signos distintivos'', es decir, no tienen ``ni las manchas, ni los lunares ni los bultos'' a los que Jones hizo referencia en alguna de sus declaraciones.

HILOS DE DERECHA

Por el momento, son muchas las personas que se preguntan en Estados Unidos qué y quién es el que va a ganar en este proceso que amenaza con proporcionar algunos bochornos públicos y muchos sinsabores privados tanto a la acusadora como al acusado.

Ayer, la juez de Arkansas Susan Wright Webber, que el pasado agosto decidió llevar adelante la vista ante la negativa de Jones de llegar a un acuerdo extra-judicial, escuchó los testimonios de la madre y de la hermana de la acusadora.

Estas dos señoras explicaron cómo Paula les contó el mal rato pasado cuando debió negarse a acceder a los deseos de un hombre poderoso que, según ella, le pidió que le practicara el sexo oral y llegó a bajarse los pantalones.

La historia, que aun siendo cierta no hubiera pasado de ser un asunto de alcoba, está ahora haciendo correr ríos de morbosa tinta.

Los abogados de las dos partes tienen sus espadas en alto y, una vez llegado este punto, están dispuestos a ir hasta el final.

Para luchar contra el poderoso Bennett y contra la Casa Blanca, Jones ha acudido a una firma de abogados de Dallas -Rader, Campbell, Fisher & Pyke- que, a su vez, le han recomendado ponerse en contacto con el Instituto Rutherford de Virginia, un organismo muy conservador que le va a ayudar a conseguir fondos para pagar su defensa.

Pero todo tiene un precio y los tintes conservadores de la organización Rutherford ya están siendo utilizados por Bennett para asegurar que Jones no actúa de buena fe, sino movida por potentes fuerzas conservadoras y republicanas de ``los más ultraderechistas detractores de Clinton''.

Al mismo tiempo, Bennett no desaprovecha ninguna oportunidad para desacreditar a Jones o a su defensa y, públicamente, ha considerado ``irrelevante'' la petición cursada por sus abogados respecto a que el presidente ``haga pública una lista de todas las mujeres que ha besado fuera del matrimonio''.

Mientras Bennett se faja con los representantes de Jones, Clinton permanece totalmente al margen de la cuestión y celebró con Hillary -en Venezuela- su aniversario de boda número 22.

Hillary asegura que cree a su marido cuando dice que no hizo nada que no debiera hacer, pero no hay duda de que, según sus más directos colaboradores, preferiría llegar a un acuerdo con Jones antes de verse mezclada en un juicio ``tan desagradable''. Hasta ahora las encuestas demuestran que los norteamericanos, incluidas las mujeres, le otorgan más credibilidad al presidente que a Jones.